VÍA MATRIS CUARESMAL
Con el corazón aún sobrecogido por lo vivido, queremos compartir unas palabras tras la celebración del Via Matris, una jornada de recogimiento y fe que quedará grabada en nuestra memoria.
Ha sido un camino de oración acompañado por el silencio respetuoso de nuestras calles, por la mirada emocionada de tantos fieles y por la presencia viva de la Santísima Virgen de La Piedad en sus Dolores.
Nuestro agradecimiento más sincero a todas las Hermandades que han participado, cuya implicación y fraternidad han hecho posible que el Via Matris se desarrollara con la solemnidad y el recogimiento que merece. De manera muy especial, queremos reconocer a los portadores de la Virgen de la Piedad, que con esfuerzo, entrega y devoción llevaron sobre sus hombros no solo el trono, sino también el sentir de todo un pueblo.
A los hermanos capuchinos, gracias por su constante asistencia y cercanía en todo momento, y muy particularmente por prestarnos el trono, gesto generoso que ha sido fundamental para la celebración.
A los moraos, nuestro profundo agradecimiento por el detalle de abrirnos su
Casa de Hermandad y, sobre todo, por la apertura y disposición de la Ermita de la Paz, que se convirtió en espacio de oración y encuentro.
A Don Valentín, por su colaboración y por permitir que el Via Matris se introdujera tanto en la parroquia de Santa María como en la Ermita de la Paz, enriqueciendo espiritualmente el recorrido.
A Don Jacinto, por su asistencia constante, su consejo y su valioso asesoramiento tanto en la preparación como durante el propio Via Matris.
Al cuerpo de acólitos, que se estrenó participando en la calle, aportando solemnidad, juventud e ilusión a esta celebración tan significativa.
A la Junta de Hermandades, por su colaboración y apoyo.
Al trío de capilla y a la Coral, cuya música elevó aún más nuestras oraciones y nos ayudó a meditar cada uno de los Dolores de la Virgen con mayor profundidad.
Y a los domicilios que, con generosidad, nos permitieron colocar en sus terrazas y balcones los Dolores de la Virgen, convirtiendo cada rincón del recorrido en un altar abierto al cielo.
El Via Matris no ha sido solo un acto, sino una manifestación de fe compartida y de unidad entre todos. Que todo lo vivido nos impulse a seguir trabajando juntos, con humildad y entrega.
Gracias a todos por hacerlo posible.
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